BACK TO TOP

Mostrando entradas con la etiqueta OMS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta OMS. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de abril de 2014

EL CODEX ALIMENTARIUS

Mucha gente cree que puede comer lo que quiera, según su apetito y presupuesto. Pero nadie sabe con certeza qué contiene nuestra comida, si hay elementos tóxicos o dañinos para la salud. En este episodio, Daniel Estulin habla de cómo las burocracias gubernamentales, la OMC, el Codex Alimentarius y las multinacionales buscan controlar la calidad y el suministro mundial de alimentos y medicamentos. La humanidad es usada como rata de laboratorio, en un experimento masivo sin control ni norma. [RT]




You may want to watch Rima Laibow talk about the Codex Alimentarius. Click HERE.



Disclaimer:
The posting of stories, commentaries, reports, documents and links (embedded or otherwise) on this site does not in any way, shape or form, implied or otherwise, necessarily express or suggest endorsement or support of any of such posted material or parts therein. The information herein contained is for educational and/or entertainment purposes only. The owner of this blog makes no representations as to the accuracy or completeness of any information on this site or found by following any link on this site. The owner will not be liable for any errors or omissions in this information nor for the availability of this information. The owner will not be liable for any losses, injuries, or damages from the display or use of this information. These terms and conditions of use are subject to change at any time and without notice.

jueves, 10 de mayo de 2012

BILL GATES, ROCKEFELLER Y LOS GIGANTES DE LA BIOGENETICA SABEN ALGO QUE IGNORAMOS

Por F. William Engdahl
Global Research


To read it in English, click  link below:

 
                 Banco de Semillas Svalbard en Spitsbergen. Fuente: Cary Fowler (2008).

Al fundador de Microsoft, Bill Gates, se le puede acusar de todo, pero no de ser haragán. Comenzó a programar a los 14, fundó Microsoft a los 20, mientras todavía estudiaba en Harvard. En 1995 Forbes lo catalogó como el hombre más rico del mundo por ser el mayor accionista de su Microsoft, una compañía que su ímpetu incansable convirtió en un monopolio de facto de sistemas de software para ordenadores personales.

En 2006, cuando la mayoría de las personas en una situación semejante podrían pensar en retirarse a una tranquila isla en el Pacífico, Bill Gates decidió dedicar sus energías a su Fundación Bill y Melinda Gates, la mayor fundación privada ‘transparente’ del mundo, como dice, disponiendo de una dotación impresionante de 34.600 millones de dólares, y la necesidad legal de gastar 1.500 millones de dólares al año en proyectos benéficos en todo el mundo para mantener su condición benéfica libre de impuestos. En 2006, un regalo de unos 30.000 millones de dólares en acciones de Berkshire Hathaway de su amigo y asociado empresarial, el mega inversionista, Warren Buffett, colocó a la fundación de Gates en la liga en la que gasta casi el monto total del presupuesto anual de la Organización Mundial de la Salud de Naciones Unidas.

Así que cuando Bill Gates decide gastar, a través de la Fundación Gates, unos 30 millones de dólares de su bien ganado capital en un proyecto, vale la pena considerarlo.

Ninguna empresa es más interesante en la actualidad que un curioso proyecto en uno de los sitios más remotos del mundo, Svalbard. Bill Gates invierte millones en un banco de semillas en el Mar de Barents cerca del Océano Ártico, a unos 1.100 kilómetros del Polo Norte. Svalbard es un árido trozo de roca reivindicado por Noruega y cedido en 1925 por un tratado internacional.

En esa isla dejada de la mano de Dios, Bill Gates invierte decenas de sus millones acompañándolo la Fundación Rockefeller, Monsanto Corporation, Syngenta Foundation y el gobierno de Noruega, entre otros, en lo que llaman ‘el banco semillero del día del juicio final.’ Oficialmente, el proyecto se llama la Cámara Semillera Global Svalbard en la isla noruega de Spitsbergen, parte del grupo de islas Svalbard.

La cámara de semillas del día del juicio final


El banco de semillas es construido dentro de una montaña en la isla Spitsbergen cerca de la pequeña aldea Longyearbyen. Está casi listo para entrar en acción, según sus comunicados de prensa. El banco tendrá puertas dobles a prueba de explosiones con sensores de movimiento, dos esclusas de aire, y paredes de hormigón reforzado con acero, de un metro de grosor. Contendrá hasta tres millones de variedades diferentes de semillas de todo el mundo, ‘para que la diversidad de cultivos pueda ser conservada para el futuro,’ según el gobierno noruego. Las semillas serán especialmente envueltas para excluir la humedad. No habrá personal a tiempo completo, la relativa inaccesibilidad de la bóveda facilitará el control de toda actividad humana posible.

¿Pasamos algo por alto? Su comunicado de prensa declaró: ‘para que la diversidad de cultivos pueda ser conservada para el futuro’. ¿Qué futuro prevén los patrocinadores del banco de semillas, que amenazaría la disponibilidad global de las actuales semillas, casi todas las cuales ya están bien protegidas por bancos de semillas en todo el mundo?

Toda vez que Bill Gates, la Fundación Rockefeller, Monsanto y Syngenta se juntan en un proyecto común, vale la pena escarbar un poco más profundo, más allá de las rocas en Spitsbergen. Y encontramos algunas cosas fascinantes.

El primer punto notable es quien auspicia la bóveda de semillas del día del juicio final. A los noruegos se suman, como hemos señalado, la Fundación Bill & Melinda Gates, el gigante estadounidense del agronegocio DuPont/Pioneer Hi-Bred, uno de los mayores dueños del mundo de semillas de plantas patentadas genéticamente modificadas (OGM) y agroquímicos relacionados; Syngenta, la importante compañía de semillas y agroquímicos basada en Suiza, a través de su Fundación Syngenta; la Fundación Rockefeller, el gripo privado que creó la “revolución genética” con más de 100 millones de dólares de capital semilla desde los años setenta; CGIAR, la red global creada por la Fundación Rockefeller para promover su ideal de pureza genética mediante el cambio agrícola.

CGIAR y ‘El Proyecto’


Como lo detallé en el libro “ Seeds of Destruction” [Semillas de destrucción] (1), en 1960, la Fundación Rockefeller, el Consejo de Desarrollo de la Agricultura de John D. Rockefeller III y la Fundación Ford unieron fuerzas para crear el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) en Los Baños, en las Filipinas. En 1971, el IRRI de la Fundación Rockefeller, junto con su Centro Internacional de Mejora del Maíz y del Trigo basado en México, y otros dos centros internacionales de investigación creados por Rockefeller y la Fundaciòn Ford, la IITA para la agricultura tropical, en Nigeria, y el IRRI para el arroz, en las Filipinas, se combinaron para formar un Grupo Consultivo global sobre la Investigación Internacional de la Agricultura (CGIAR).

CGIAR fue formado en una serie de conferencias privadas realizadas en el centro de conferencias de la Fundación Rockefeller en Bellagio, Italia. Los principales participantes en las conversaciones de Bellagio fueron George Harrar de la Fundación Rockefeller, Forrest Hill de la Fundación Ford, Robert McNamara del Banco Mundial y Maurice Strong, el organizador medioambiental internacional de la familia Rockefeller quien, como fideicomisario de la Fundación Rockefeller, organizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano en Estocolmo en 1972. Formó parte del enfoque durante decenios de la fundación por convertir a la ciencia al servicio de la eugenesia, una versión execrable de la pureza racial, que ha sido llamada ‘El Proyecto.’

Para asegurar el máximo impacto, el CGIAR incorporó a la Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (FAO), el Programa de Desarrollo de la ONU y el Banco Mundial. Por lo tanto, a través de un apalancamiento cuidadosamente planificado de sus fondos iniciales, la Fundación Rockefeller estuvo en condiciones a comienzos de los años setenta de conformar la política agrícola global. Y así lo hizo.

Financiado por generosas becas de estudio de Rockefeller y de la Fundación Ford, CGIAR aseguró que destacados científicos agrícolas y agrónomos del Tercer Mundo fueran llevados a EE.UU. para ‘dominar’ los conceptos de la producción de la producción del agronegocio moderno, a fin de llevarlos de vuelta a sus patrias. Al hacerlo crearon una invaluable red de influencia para la promoción del agronegocio de EE.UU. en esos países, especialmente la promoción de la “Revolución genética” OGM en los países en desarrollo, todo en nombre de la ciencia y de la agricultura eficiente de libre mercado.

¿Ingeniería genética de una raza superior?


Ahora el Banco de Semillas Svalbard se pone interesante. Pero se pone mejor. ‘El Proyecto’ al que me refería es el proyecto de la Fundación Rockefeller y de poderosos intereses financieros desde los años veinte para el uso de la eugenesia, rebautizada posteriormente como genética, para justificar la creación de una Raza Superior genéticamente modificada. Hitler y los nazis la llamaron la Raza Superior Aria.

La eugenesia de Hitler fue financiada considerablemente por la misma Fundación Rockefeller que actualmente construye una cámara acorazada de semillas del día del juicio final para preservar muestras de cada semilla de nuestro planeta. Ahora la cosa se vuelve verdaderamente fascinante. La misma Fundación Rockefeller creó la disciplina pseudo-científica de la biología molecular en su inexorable búsqueda de la reducción de la vida humana a “secuencias de genes definidoras” que esperaban, podrían luego ser modificadas para cambiar a voluntad las características humanas. Los científicos eugenistas de Hitler, muchos de los cuales fueron silenciosamente llevados a EE.UU. después de la Guerra para continuar su investigación eugénica, crearon gran parte del trabajo en la que se basó la ingeniería genética de varias formas de vida, en gran parte apoyada abiertamente hasta bien avanzado el Tercer Reich por generosos subsidios de la Fundación Rockefeller. (2)

La misma Fundación Rockefeller creó la así llamada Revolución Verde, después de un viaje a México en 1946 de Nelson Rockefeller y del antiguo Secretario de Agricultura del Nuevo Trato y fundador de la Pioneer Hi-Bred Seed Company, Henry Wallace.

La Revolución Verde pretendía solucionar considerablemente el problema del hambre en el mundo en México, India y en otros países seleccionados en los que trabajaba Rockefeller. El agrónomo de la Fundación Rockefeller, Norman Borlaug, obtuvo un Premio Nobel de la Paz por su trabajo, aunque no es algo de lo que alguien se pueda enorgullecer si gente como Henry Kissinger también lo comparten.

En realidad, como quedó en claro años más tarde, la Revolución Verde fue un brillante ardid de la familia Rockefeller para desarrollar un agronegocio globalizado que luego podría monopolizar igual como lo había hecho medio siglo antes con la industria petrolera mundial. Como declarara Henry Kissinger en los años setenta: “Si se controla el petróleo, se controla el país; si se controlan los alimentos, se controla a la población.”

El agronegocio y la Revolución Verde de Rockefeller iban de la mano. Formaban parte de una grandiosa estrategia que incluía el financiamiento por la Fundación Rockefeller de la investigación para el desarrollo de la ingeniería genética de plantas y animales unos pocos años más tarde.

John H. Davis había sido Secretario de Agricultura Adjunto bajo el presidente Dwight Eisenhower a comienzos de los años cincuenta. Abandonó Washington en 1955 y fue a la Escuela de Postgrado de Administración de Empresas de Harvard, un sitio poco usual para un experto en agricultura en esos días. Tenía una estrategia bien definida. En 1956, Davis escribió un artículo en la Harvard Business Review en el que declaró que “la única manera de resolver de una vez por todas el así llamado problema agrícola, y de evitar engorrosos programas gubernamentales, es pasar de la agricultura al agronegocio.” Sabía precisamente lo que se proponía, aunque pocos tenían la menor idea en aquel entonces – una revolución en la producción agrícola que concentrara el control de la cadena alimentaria en manos corporativas multinacionales, lejos del agricultor familiar tradicional. (3)

Un aspecto crucial que impulsaba el interés de la Fundación Rockefeller y de las compañías de agronegocios de EE.UU. era el hecho de que la Revolución Verde se basaba en la proliferación de nuevas semillas híbridas en los mercados en desarrollo. Un aspecto vital de las semillas híbridas era su falta de capacidad reproductiva. Las híbridas incorporaban una protección contra la multiplicación. A diferencia de especies normales polinizadas abiertamente, cuyas semillas permitían rendimientos similares a los de sus progenitores, el rendimiento de las semillas dadas por plantas híbridas era significativamente inferior al de la primera generación.

Esa característica de rendimiento disminuyente de las híbridas significa que los agricultores deben normalmente comprar semillas cada año a fin de obtener altos rendimientos. Además, el reducido rendimiento de la segunda generación eliminó el comercio en semillas que es a menudo realizado por productores de semillas sin la autorización del cultivador. Impidió la redistribución de las semillas del cultivo comercial por intermediarios. Si las grandes compañías semilleras multinacionales podían controlar las líneas paternales de semillas en casa, ningún competidor o agricultor podría producir la semilla híbrida. La concentración global de patentes de semillas híbridas en un puñado de gigantescas compañías semilleras, dirigidas por Pioneer Hi-Bred de DuPont y Dekalb de Monsanto estableció la base para la ulterior revolución de la semilla OGM. (4)

En efecto, la introducción de la tecnología agrícola moderna estadounidense, de fertilizantes químicos y semillas híbridas comerciales, contribuyeron en conjunto a hacer que los agricultores locales en los países en desarrollo, particularmente los mayores, más establecidos, dependieran del aporte del agronegocio y de las compañías petroquímicas, en su mayoría estadounidenses. Fue un primer paso en lo que se convertiría en un proceso cuidadosamente planificado, que duró décadas.

Bajo la Revolución Verde, el agronegocio hizo importantes avances en mercados que previamente ofrecían un acceso limitado a los exportadores de EE.UU. La tendencia fue posteriormente apodada “agricultura orientada al mercado.” En realidad se trataba de agricultura controlada por el agronegocio.

Mediante la Revolución Verde, la Fundación Rockefeller y posteriormente la Fundación Ford, trabajaron mano en mano conformando y apoyando los objetivos de política exterior de la Agencia por el Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID) y de la CIA.

Un importante efecto de la Revolución fue la despoblación del campo de campesinos que fueron obligados a huir a los barrios de chabolas alrededor de las ciudades en una búsqueda desesperada de trabajo. No fue por accidente. Formaba parte de un plan para crear reservas de mano de obra barata para futuras manufacturas multinacionales de EE.UU., la ‘globalización’ de los últimos años.

Cuando terminó el autobombo alrededor de la Revolución Verde, los resultados fueron bastante diferentes de lo que se había prometido. Surgieron problemas por el uso indiscriminado de los nuevos pesticidas químicos, a menudo con serias consecuencias para la salud. Con el pasar del tiempo el monocultivo de nuevas variedades de semillas híbridas redujo la fertilidad del suelo y el rendimiento. Los primeros resultados fueron impresionantes; rendimientos dobles o incluso triples de algunos cultivos tales como el trigo y después el maíz en México. Pero eso pronto se desvaneció.

La Revolución Verde fue típicamente acompañada por grandes proyectos de irrigación que a menudo incluían préstamos del Banco Mundial para construir nuevas inmensas represas, y en la inundación de áreas previamente habitadas y de tierras fértiles al hacerlo. El súper-trigo también produjo mayores rendimientos saturando el suelo con inmensas cantidades de fertilizante por hectárea, y el fertilizante era producto de nitratos y de petróleo, materias primas controladas por las Siete Hermanas, importantes compañías petroleras controladas por los Rockefeller.

También se utilizaron inmensas cantidades de herbicidas y pesticidas, creando mercados adicionales para los gigantes del petróleo y de la química. Como lo describió un analista, en efecto, la Revolución Verde fue sólo una revolución química. En ningún momento podrían las naciones en desarrollo pagar por las inmensas cantidades de fertilizantes químicos y pesticidas. Obtendrían los créditos por cortesía del Banco Mundial y préstamos especiales de Chase Bank y otros grandes bancos de Nueva York, respaldados por garantías del gobierno de EE.UU.

Aplicados en una gran cantidad de países en desarrollo, esos préstamos fueron recibidos sobre todo por grandes terratenientes. Para los pequeños campesinos la situación se desarrolló de otra manera. Los pequeños agricultores campesinos no podían permitirse los productos químicos y otros insumos modernos y tenían que pedir prestado dinero.

Varios programas gubernamentales trataron inicialmente de suministrar algunos préstamos a los agricultores para que pudieran adquirir semillas y fertilizantes. Los agricultores que no pudieron participar en este tipo de programa tuvieron que pedir prestado dinero del sector privado. Por las exorbitantes tasas de interés para préstamos informarles, numerosos agricultores pequeños ni siquiera obtuvieron los beneficios de los altos rendimientos iniciales. Después de la cosecha, tuvieron que vender la mayor parte, si no todos sus productos, para pagar préstamos e intereses. Llegaron a depender de prestamistas y comerciantes y a menudo perdieron sus tierras. Incluso con préstamos a condiciones favorables de agencias gubernamentales, la plantación de cultivos de subsistencia cedió ante la producción de cultivos comerciales. (5)

Desde decenios los mismos intereses, que incluyen a la Fundación Rockefeller que respaldó la Revolución Verde inicial, han trabajado para promover una segunda “Revolución Genética” como el presidente de la Fundación Rockefeller, Gordon Conway, la llamó hace varios años: la difusión de la agricultura industrial y de insumos comerciales incluyendo las semillas patentadas OGM.

Gates, Rockefeller y una Revolución Verde en África

Si se tiene presente el verdadero antecedente de la Revolución Verde de la Fundación Rockefeller en los años cincuenta, se hace especialmente extraño que esa misma Fundación Rockefeller junto con la Fundación Gates, que invierten millones de dólares para preservar cada semilla contra un posible escenario “del día del juicio final,” también estén invirtiendo millones en un proyecto llamado “Alianza por una Revolución Verde en África.”

AGRA, como se llama, es una vez más una alianza con la misma Fundación Rockefeller que creó la “Revolución Genética.” Una mirada al Consejo Directivo de AGRA lo confirma.

Incluye nada menos que al ex Secretario General de la ONU, Kofi Annan, como presidente. En su discurso de aceptación en un evento del Foro Económico Mundial en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en junio de 2007, Kofi Annan declaró: “Acepto este desafío con gratitud a la Fundación Rockefeller, a la Fundación Bill & Melinda Gates, y a todos los demás que apoyan nuestra campaña africana.”

El consejo de AGRA cuenta además con un sudafricano, Strive Masiyiwa, quien es un Fideicomisario de la Fundación Rockefeller. Incluye a Sylvia M. Mathews de la Fundación Bill & Melinda Gates; Mamphela Ramphele, ex directora gerente del Banco Mundial (2000 – 2006); Rajiv J. Shah de la Fundación Gates Foundation; Nadya K. Shmavonian de la Fundación Rockefeller; Roy Steiner de la Fundación Gates. Además, la Alianza para AGRA incluye a Gary Toenniessen, director gerente de la Fundación Rockefeller y a Akinwumi Adesina, director asociado, de la Fundación Rockefeller.

Para completar la rueda, los Programas para AGRA incluyen a Peter Matlon, director gerente de la Fundación Rockefeller; Joseph De Vries, director del Programa para Sistemas de Semillas de África y director asociado de la Fundación Rockefeller; Akinwumi Adesina, director asociado de la Fundación Rockefeller. Como la antigua Revolución Verde fracasada en India y México, la nueva Revolución Verde en África es evidentemente una importante prioridad de la Fundación Rockefeller.

Mientras hasta la fecha tratan de no llamar la atención, se considera que Monsanto y los principales gigantes del negocio de los OGM están en medio del uso de la AGRA de Kofi Annan para difundir sus semillas OGM patentadas por toda África bajo la engañosa etiqueta de ‘biotecnología,’ el nuevo eufemismo para semillas patentadas genéticamente modificadas. Hasta la fecha, Sudáfrica es el único país africano que permite la plantación legal de cultivos de OGM. En 2003 Burkina Faso autorizó pruebas con OGM. En 2005 Ghana, de Kofi Annan, preparó legislación de bioseguridad y responsables clave expresaron sus intenciones de continuar la investigación de cultivos OGM.

África es el próximo objetivo de la campaña del gobierno de EE.UU. por extender los OGM a todo el mundo. Sus ricos suelos la convierten en un candidato ideal. No sorprende que numerosos gobiernos africanos sospechen lo peor de los padrinos de los OGM ya que una multitud de proyectos de modificación genética y de bioseguridad han sido iniciados en África, con el objetivo de introducir los OGM en los sistemas agrícolas africanos. Estos incluyen patrocinios ofrecidos por el gobierno de EE.UU. para capacitar en EE.UU. a científicos africanos en ingeniería genética, proyectos de bioseguridad financiados por la Agencia de Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID) y el Banco Mundial; la investigación en OGM involucrando cultivos alimentarios indígenas africanos.

La Fundación Rockefeller ha estado trabajando durante años para promover, en gran parte infructuosamente, proyectos por introducir los OGM en los campos de África. Ha respaldado investigación que apoya la aplicabilidad del algodón OGM en las llanuras de Makhathini en Sudáfrica.

Monsanto, que tiene un punto de apoyo sólido en la industria semillera de Sudáfrica, tanto en OGM como en híbridas, ha concebido un ingenioso programa para minifundistas conocido como la Campaña de las ‘Semillas de la Esperanza,’ que está introduciendo un paquete ‘revolución verde’ a agricultores pobres en pequeña escala, seguido, por cierto, por semillas OGM patentadas de Monsanto. (6)

Syngenta AG de Suiza, uno de los “Cuatro Jinetes del día del juicio final OGM” está lanzando millones de dólares a una nueva instalación de invernaderos en Nairobi, para desarrollar maíz OGM resistente a los insectos. Syngenta también forma parte de CGIAR. (7)

Pasamos a Svalbard

¿Se trata simplemente de un descuido filosófico? ¿Qué lleva a las fundaciones Gates y Rockefeller a respaldar al mismo tiempo la proliferación en toda África de semillas Terminator patentadas y a punto de ser patentadas, un proceso que, como ha sucedido en todos los demás sitios en el planeta, destruye las variedades de semillas de plantas al introducir el agronegocio del monocultivo industrializado? Al mismo tiempo, invierten decenas de millones de dólares para preservar toda variedad de semillas conocida en una cámara del día del juicio final a prueba de bombas cerca del remoto Círculo Ártico ‘para que la diversidad de cultivos pueda ser conservada para el futuro’ para citar su comunicado oficial.

No es por accidente que las fundaciones Rockefeller y Gates se unan para impulsar una Revolución Verde al estilo OGM en África al mismo tiempo que financian silenciosamente la ‘cámara de semillas del Día del juicio final’ en Svalbard. Los gigantes del agronegocio están metidos hasta el cuello en el proyecto Svalbard.

Por cierto, toda la operación Svalbard y la gente involucrada recuerdan las peores imágenes catastróficas del éxito de ventas de Michael Crichton: “La Amenaza De Andromeda,” una película de suspenso de ciencia ficción en la que una enfermedad letal de origen extraterrestre causa una coagulación rápida y fatal de la sangre que amenaza a toda la especie humana. En Svalbard, el depósito más seguro de semillas del mundo del futuro será guardado por los policías de la Revolución Verde OGM – las fundaciones Rockefeller y Gates, Syngenta, DuPont y CGIAR.

El proyecto Svalbard será operado por una organización llamada Fundación mundial por la diversidad de los cultivos (GCDT). ¿Quiénes son para poseer una responsabilidad tan impresionante sobre todas las variedades de semillas del planeta? La GCDT fue fundada por la FAO y Bioversity International (anteriormente el Instituto Internacional de Investigación Genética de Plantas), un vástago de la CGIAR.

La Fundación mundial por la diversidad de los cultivos (GCDT) está basada en Roma. Su consejo es presidido por Margaret Catley-Carlson, canadiense, quien también está en el consejo consultivo de Group Suez Lyonnaise des Eaux, una de las mayores compañías privadas de aguas del mundo. Catley-Carlson también fue presidente hasta 1998 del Population Council, basado en Nueva York, la organización de reducción de la población de John D. Rockefeller, establecida en 1952, para hacer progresar el programa de eugenesia de la familia Rockefeller bajo la cobertura de promover la “planificación familiar,” dispositivos de contracepción, esterilización y “control de la población” en los países en desarrollo.

Otros miembros del consejo de GCDT incluyen al antiguo ejecutivo del Bank of America y actualmente jefe de Animación de Hollywood DreamWorks, Lewis Coleman. Coleman es también jefe del consejo director de Northrup Grumman Corporation, uno de los principales contratistas del Pentágono en la industria militar de EE.UU.

Jorio Dauster (Brasil) es también presidente del consejo de Brasil Ecodiesel. Es ex embajador de Brasil en la Unión Europea, y negociador jefe de la deuda externa de Brasil para el Ministerio de Finanzas. Dauster también ha servido como presidente del Instituto Brasileño del Café y como coordinador del Proyecto por la Modernización del sistema de patentes de Brasil, que involucra la legalización de patentes sobre semillas genéticamente modificadas, algo que hasta hace poco estaba prohibido por las leyes brasileñas.

Cary Fowler es director ejecutivo de la Fundación. Fowler fue profesor y director de investigación en el Departamento de Estudios del Medioambiente Internacional y de Desarrollo en la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida. También fue consejero sénior del director general de Bioversity International. Allí representó a los Future Harvest Centres del CGIAR en negociaciones sobre el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. En los años noventa, dirigió el Instituto Internacional de Recursos Fitogenéticos (IPGRI), en la FAO. Redactó y supervisó las negociaciones del Plan de acción mundial para la conservación y la utilización sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura de la FAO, adoptado por 150 países en 1996.

Es ex miembro del Consejo Nacional de Recursos Fitogenéticos de EE.UU. y del Consejo de Administración del Centro Internacional de Mejora del Maíz y del Trigo en México, otro proyecto de la Fundación Rockefeller y del CGIAR.

El miembro del consejo del GCDT, Dr. Mangala Rai de India, es secretario del Departamento de Investigación y Educación Agrícola de India (DARE), y director general del Consejo Indio de Investigación Agrícola (ICAR). También es miembro del consejo del Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) de la Fundación Rockefeller, que promovió el primer experimento de importancia con OGM del mundo, el tan exageradamente promocionado ‘Arroz de oro’ que resultó ser un fracaso. Rai ha servido como miembro del consejo de CIMMYT (Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo), y miembro del Consejo Ejecutivo del CGIAR.

Los donantes o ángeles financistas de la Fundación Global de Diversidad de los Cultivos incluyen también, para utilizar las palabras clásicas de Humphrey Bogart en Casablanca: “a todos los sospechosos usuales.”  Junto a las fundaciones Rockefeller y Gates, los donantes incluyen a los gigantes de los OGM DuPont-Pioneer Hi-Bred, Syngenta of Basle Switzerland, CGIAR y a la Agencia, favorable a los OGM, por la Ayuda al Desarrollo (USAID) enérgicamente promovida por el Departamento de Estado. Parece, por cierto, que tenemos a los zorros de las OGM y de la reducción de la población protegiendo al gallinero de la humanidad, el almacén de la diversidad global de semillas en Svalbard. (8)

¿Por qué Svalbard justo ahora?

Podemos legítimamente preguntar por qué Bill Gates y la Fundación Rockefeller junto con los principales genéticos del agronegocio de la modificación genética como DuPont y Syngenta, junto con el CGIAR, están construyendo la cámara de semillas del día del juicio final en el Ártico.

En primer lugar, ¿quién utiliza un banco de semillas semejante? Los cultivadores e investigadores de plantas son los principales utilizadores de bancos de genes. Los principales cultivadores de plantas de la actualidad son Monsanto, DuPont, Syngenta y Dow Chemical, los gigantes globales de las patentes de plantas OGM. Desde comienzos de 2007 Monsanto tiene derechos de patentes mundiales junto con el gobierno de EE.UU. para la planta así llamada “Terminator” o GURT ((acrónimo inglés de Grupo de Tecnologías de Restricción de Uso). Terminator es una siniestra tecnología mediante la cual una semilla comercial patentada se ‘suicida’ después de una cosecha. El control por las compañías semilleras privadas es total. Un tal control y poder sobre la cadena alimentaria nunca ha existido previamente en la historia de la humanidad.

Esta variedad Terminator astutamente modificada genéticamente obliga a los agricultores a volver cada año a Monsanto o a otros proveedores de semillas OGM para conseguir nuevas semillas para arroz, soya, maíz, trigo, cualquier cultivo que necesiten para alimentar a su población. Si fuera ampliamente introducida en todo el mundo, posiblemente podría convertir en una década o algo así a la mayor parte de los productores de alimentos del mundo en nuevos siervos feudales esclavizados por tres o cuatro compañías semilleras gigantes como Monsanto, DuPont o Dow Chemical.

Eso, desde luego, podría también abrir la puerta para que esas compañías privadas, tal vez bajo órdenes de su gobierno anfitrión, Washington, nieguen las semillas a uno u otro país en desarrollo cuya política se pueda volver contra la de Washington. Los que dicen: “No puede pasar aquí” harían bien en estudiar más de cerca lo que pasa actualmente en el mundo. La simple existencia de esa concentración de poder en tres o cuatro gigantes del agronegocio privado basados en EE.UU. es motivo suficiente para prohibir legalmente todos los cultivos OGM, incluso si sus ventajas en la cosecha fueran reales, lo que manifiestamente no es el caso.

No se puede decir que esas compañías privadas: Monsanto, DuPont, Dow Chemical tengan antecedentes inmaculados en términos de manejo de la vida humana. Desarrollaron y proliferaron invenciones como la dioxina, los PCB, el Agente Naranja. Encubrieron durante décadas evidencia obvia de consecuencias carcinogénicas u otras severas para la salud humana del uso de productos químicos tóxicos. Han enterrado informes científicos serios de que el herbicida más generalizado del mundo, glifosato, el ingrediente esencial en el herbicida Roundup de Monsanto vinculado a la compra de la mayoría de las semillas genéticamente modificadas de Monsanto, es tóxico cuando se escurre al agua potable. (9) Dinamarca prohibió el glifosato en 2003 cuando confirmó que ha contaminado el agua subterránea del país. (10)

La diversidad almacenada en bancos genéticos de semillas es la materia prima para el cultivo de plantas y para una gran parte de la investigación biológica básica. Varios cientos de miles de muestras son distribuidas cada año con esos propósitos. La FAO de la ONU enumera unos 1.400 bancos de semillas en todo el mundo, el mayor es el del gobierno de EE.UU. Otros grandes bancos son mantenidos por China, Rusia, Japón, India, Corea del Sur, Alemania y Canadá en orden de tamaño descendiente. Además, CGIAR opera una cadena de bancos de semillas en centros seleccionados en todo el mundo.

CGIAR, establecido en 1972 por la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford para propagar su modelo del agronegocio de la Revolución Verde, controla la mayor parte de los bancos de semillas privados desde las Filipinas a Siria, a Kenia. En total esos bancos de semillas actuales tienen más de seis millones y medio de variedades de semillas, casi dos millones de las cuales son ‘diferentes.’ La cámara del día del juicio final de Svalbard tendrá capacidad para albergar cuatro millones y medio semillas diferentes.

¿Los OGM como arma de la guerra biológica?

Ahora llegamos al centro del peligro y al potencial para abuso inherentes en el proyecto Svalbard de Bill Gates y de la Fundación Rockefeller. ¿Puede el desarrollo de semillas patentadas para la mayoría de los principales cultivos de subsistencia del mundo como ser arroz, maíz, trigo, y granos alimenticios como la soya, ser utilizado en última instancia en una forma horrible de guerra biológica?

El objetivo explícito del lobby de la eugenesia financiado desde los años veinte por acaudaladas familias de la elite como los Rockefeller, Carnegie, Harriman y otros, ha encarnado lo que llamaron ‘eugenesia negativa:’ acabar sistemáticamente con linajes indeseables. Margaret Sanger, una eugenicista diligente, fundadora de la Federación Internacional para la Planificación Familiar e íntima de la familia Rockefeller, creó en 1939 algo llamado el “Proyecto negro,” basado en Harlem, que, como confió en una carta a un amigo, todo lo que se proponía era, como dijera, ‘que queremos exterminar a la población negra.’ [11]

Una pequeña compañía de biotecnología de California, Epicyte, anunció en 2001 el desarrollo de maíz genéticamente modificado que contenía un espermicida que esterilizaba el semen de los hombres que lo comían. En esa época, Epicyte tenía un acuerdo de sociedad conjunta para propagar su tecnología con DuPont y Syngenta, dos de los patrocinadores de la cámara de Semillas del día del juicio final en Svalbard. Posteriormente, Epicyte fue adquirida por una compañía de biotecnología de Carolina del Norte. Fue sorprendente saber que Epicyte había desarrollado su maíz OGM espermicida con fondos de investigación del Departamento de Agricultura de EE.UU. [USDA], el mismo que, a pesar de la oposición mundial, siguió financiando el desarrollo de la tecnología Terminator, ahora en manos de Monsanto.

En los años noventa, la Organización Mundial de la Salud de la ONU lanzó una campaña para vacunar a millones de mujeres en Nicaragua, México y las Filipinas entre las edades de 15 y 45 años, supuestamente contra el tétano, una enfermedad que resulta de cosas como pisar un clavo oxidado. La vacuna no fue suministrada a hombres o muchachos, a pesar de que presumiblemente es tan probable que pisen sobre clavos oxidados como las mujeres.

Por esta curiosa anomalía, el Comité Pro Vida de México, una organización católica laica entró en sospechas e hizo que se realizaran pruebas con muestras de la vacuna. Los ensayos revelaron que la vacuna contra el tétano propagada por la OMS sólo para las mujeres de edad de procrear contenían Gonadotropina Coriónica o hCG, una hormona natural que cuando es combinada con un portador de anatoxina tetánica estimula anticuerpos que hacen que una mujer sea incapaz de sustentar un embarazo. No se informó a ninguna de las mujeres vacunadas.

Más adelante se supo que la Fundación Rockefeller junto con el Consejo de la Población de Rockefeller, el Banco Mundial (casa del CGIAR), y el Instituto Nacional de Salud de EE.UU. habían estado involucrados en un proyecto de 20 años de duración iniciado en 1972 para desarrollar la encubierta vacuna abortiva con un portador de tétano para la OMS. Además, el gobierno de Noruega, anfitrión de la cámara de Semillas del día del juicio final de Svalbard, donó 41 millones de dólares para desarrollar la vacuna abortiva especial contra el tétano. (12)

¿Será coincidencia que esas mismas organizaciones, desde Noruega, a la Fundación Rockefeller, al Banco Mundial, estén también involucradas con el proyecto del banco de semillas en Svalbard? Según el profesor Francis Boyle, quien redactó la Ley Antiterrorista de Armas Biológicas de 1989 promulgada por el Congreso de EE.UU.: “el Pentágono se prepara ahora para librar y ganar la guerra biológica” como parte de dos directivas de estrategia nacional de Bush adoptadas, señala, “sin conocimiento y estudio público” en 2002. Boyle agrega que sólo en 2001-2004 el gobierno federal de EE.UU. gastó 14.500 millones de dólares en trabajo civil relacionado con la guerra biológica, una suma asombrosa.

El biólogo de la Universidad Rutgers, Richard Ebright, estima que más de 300 instituciones científicas y unos 12.000 individuos en EE.UU. tienen actualmente acceso a patógenos adecuados para la guerra biológica. Hay 497 subsidios de los NIH (Institutos Nacionales de la Salud) de EE.UU. sólo para investigación de enfermedades infecciosas con potencial para la guerra biológica. Por cierto esto es justificado bajo la rúbrica de la defensa contra posibles ataques terroristas como tantas cosas en la actualidad.

Muchos de los dólares del gobierno de EE.UU. gastados en la investigación para la guerra biológica tienen que ver con la ingeniería genética. El profesor de biología del MIT, Jonathan King, dice que “los crecientes programas de bioterror representan un importante peligro emergente para nuestra propia población.” King agrega: “mientras tales programas son siempre llamados defensivos, con armas biológicas, los programas defensivos y ofensivos se entrecruzan casi por completo.” (13)

El tiempo dirá si, Dios no lo quiera, el banco de semillas del día del juicio final de Svalvard de Bill Gates y la Fundación Rockefeller forma parte de otra Solución Final, involucrando la extinción del difunto, gran planeta Tierra.

---------
F. William Engdahl, investigador asociado del Centro de Investigación sobre la Globalización (Centre for Research on Globalization (CRG)) es uno de los principales analistas del Nuevo Orden Mundial. Es autor de A Century of War: Anglo-American Oil Politics and the New World Order, publicado por Pluto Press Ltd. Su nuevo libro, Seeds of Destruction, The Hidden Agenda of Genetic Manipulation, estará disponible en Global Research muy pronto. Sus escritos pueden ser consultados en www.engdahl.oilgeopolitics.net y en Global Research.


Fuente del texto en español: 

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

miércoles, 25 de abril de 2012

CONSPIRACION FARMACEUTICA: PLANTAS CURATIVAS PROHIBIDAS

En el siguiente video el Sr. Josep Pàmies nos habla sobre la industria farmacéutica y las plantas prohibidas para curar enfermedades graves. La charla fue impartida durante el I Congreso de Alimentación Consciente celebrado en Barcelona (España) los días 12 y 13 de marzo de 2011. 









miércoles, 28 de diciembre de 2011

LA VENGANZA DE LOS ESQUELETOS DE LOS ARBOLES

                                                                      por

                            Heinrich von Wittelsbach-Caracciolo, PhD

A fin de año en Occidente los Homo sapiens se suelen reunir alrededor de un cadáver de un animal, si son carnívoros (Fig. 1) o unos restos de plantas, si son vegetarianos (Fig. 2), celebran  en sus cortas vacaciones de su esclavitud moderna la despedida del Solsticio Invernal. 


 Figura 1. Festín navideño de los humanos carnívoros. (Fuente: E.S. Bruhmann,  httpwww.ediblecommunities.comlouisvillejanuary-february-2011)


          Figura 2. Banquete comunal de humanos vegetarianos. (Fuente: Rural Studio Farm)


La mayoría de veces lo hacen sobre una mesa que está fabricada de madera. Pocas, muy pocas personas se percatan que comen literalmente sobre esqueletos de árboles, los huesos de seres que antes de que el hombre llegase con el hacha o la moto sierra estuvieron una vez rebosantes de vida en el bosque (Fig. 3A-B).


A
                                              
B
 Figura 3. De árbol rebosante de vida a esqueleto muerto en mueble. (Fuente: A,  news.mongabay.com; B, buyawoodfurniture.com)


Siendo evolutivamente reptiles glorificados los humanos (Therapsida: Eutheriodontia: Mammalia), si la mesa estuviese construida de huesos de elefantes o ballenas tal vez se enterasen, a no ser que hayan sido expuestos y habituados desde temprana edad a mesas óseas, o por ser el último hito de moda en muebles.

Nadie que previamente sepa que va a comer sus manjares sobre una mesa manufacturada de auténticos huesos humanos aceptaría la invitación a no ser que fuese una persona de conducta aberrante y necrófila (Fig. 4)


                  Figura 4. Mesa de esqueleto humano. (Fuente: housesideas.com)


No sería difícil encontrar gente así en la actualidad pues abundan en las ciudades de los países “desarrollados” en las altas esferas, de lo contrario no habría tráfico ilícito de humanos. Baste recordar que Aristóteles Onassis en la barra de su yate de lujo “Christina O” tenía taburetes de asientos fabricados con piel de testículos de ballenas. Pero esto es pan de otro saco.

Irónicamente, en la construcción de la mesa, las sillas u otros muebles, incluso el suelo, de su casa, unos Homo sapiens modernos utilizaron herramientas eléctricas y sustancias químicas que afectaron su propia salud (Fig. 5). Y las personas que los compran o se meten a vivir en un piso que contenga madera tocada y complementada químicamente por manos humanas, también van a recibir su dosis de sustancias volátiles que se desprenden de los productos de la construcción.



                     Figura 5. Dos humanos en plena acción de carpintería.


En cierta manera es una “venganza” de los árboles que sucumbieron bajo la mano del homínido sapiente. Tomó vida ajena (Video 1) y en el proceso de carpintería de la madera disminuyó  la suya (Video 2). La transformación del árbol en mesa, silla o suelo de parquet causa contaminación ambiental.

Video 1. Arbol tropical abatido por la codicia del terapsido glorificado (Homo "sapiens").


Video 2. Una escuela de carpintería en plena acción. Aquí aprende el Homo "sapiens" las técnicas de transformación de la "carne" de los árboles en componentes de su casa.


La industria de la madera está catalogada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como productora de residuos tóxicos y peligrosos. La manufactura de la madera produce polvos y gases contaminantes y en su acabado se emplean diversas sustancias orgánicas generadoras de compuestos volátiles que contaminan el medio ambiente.

Los productos químicos que se utilizan para dar el acabado final a los muebles de madera tienen diferentes composiciones químicas. Los barnices pueden tener ingredientes tóxicos dañinos para la salud. Por ejemplo, el 1,4-dioxano y el acetaldehído son considerados cancerígenos. El N-metilpirrolidinona es una toxina que afecta el sistema reproductivo. Los solventes orgánicos como el benceno, el tolueno, el tetracloroetileno, el tricloroetileno y el xileno están vinculados con el cáncer. Sustancias como el solvente 1,1,1-tricloroetano son detrimentes de la capa de ozono. Los ptalatos, usados como plastificantes, afectan el sistema hormonal de humanos.

Todas estas sustancias químicas generalmente se encuentran como ingredientes de las pinturas, disolventes, lacas, colas, separadores y otros productos de acabado modernos (Fig. 6) utilizados en componentes de construcción de viviendas y muebles de madera.


Figura 6. Muestra de materiales utilizados en el acabado de muebles.


Adicionalmente, durante el proceso de aplicación y secado de barnices y pinturas (Video 3), se generan Compuestos Orgánicos Volátiles (COVs). Según la Asociación Americana del Pulmón, los COVs y sus subproductos producen problemas médicos y sanitarios, incluyendo irritación de la piel y los ojos, problemas pulmonares y dificultad en respirar, choques anafilácticos, dolores de cabeza, nausea, debilidad muscular, alteraciones del intestino, dañar el hígado y riñones, adenocarcinoma de pulmón, neoplasmas de estómago, etc.



Video 3. Aplicado de productos químicos a la madera.


Los niveles de COVs pueden ser 10 veces superiores en el ambiente interior que el exterior, con las cifras elevándose hasta 1.000 veces inmediatamente después de aplicar un nueva capa de acabado.

Además, los COVs liberados en la atmósfera interior o exterior pueden combinarse unos a otros, o con otras sustancias en el aire, creando nuevos compuestos químicos, tales como ozono en la superficie. Los COVs al ser considerados como contaminantes de aire están regulados. Su regulación no evita sino minimiza la contaminación ambiental, lo ideal sería el no producirlos.

La exposición potencial a productos químicos tóxicos se transforma en alta cuando la madera utilizada para la construcción ha sido pretratada con compuestos orgánicos, habitualmente insecticidas o fungicidas, con el objetivo de evitar daños de infestación y degradación antes de llegar a los establecimientos de venta y distribución. A veces el tratamiento imparte un color verdoso a la madera.

Los biocidas aplicados a la madera incluye sustancias como lindane, tributil-óxido de estaño, pentaclorofenos, compuestos de boro (tetraborato disódico, octaborato disódico, etc.), compuestos cuaternarios de N-Alkil-amonio (DDAC), triazoles (azaconazole, propiconazole, tebuconazole, benzoimidazoles, isothiazoles), sulfamidas (diclorofluanido, tolifluanido), carboxamidas, carbamatos (IPBC), compuestos de cobre (óxidos de cobre, sulfato de cobre, Bis-(N-ciclohexildiazenio)-cobre, etc.), creosotas, compuestos de cromo, arsénico (CCA), etc., etc.

El mecanizado de esta madera en la carpintería y la construcción genera polvos finos nocivos para la salud y contaminan el medio ambiente, estando implicados en diversos tipos de cáncer tales como sino-nasal, del pulmón, la cabeza, la garganta, el esófago, el estómago, la vejiga, del hígado, el páncreas, entre otros.

La industria de la madera también genera diversos químicos tóxicos volátiles tales como ácido clorhídrico (HCl), ácido bromhídrico (Hbr), ácido fluorhídrico (HF),  monóxido de carbono (CO), dióxido de carbono (CO2), dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx), ácido cianhídrico (HCN), entre otros.

Algunos son extremadamente tóxicos, por ejemplo el ácido cianhídrico, una concentración de 270 partes por millón en el aire es suficiente para matar a una persona en 6 a 8 minutos.

Los operaciones  de carpintería y fabricación de muebles como serrar, cortar y lijar rompen las células lignificadas de la madera y liberan partículas o células enteras (polvos de madera, partículas de madera) y grupos de células (chips de madera).

Las partículas más finas se generarán  cuanto mayor es la rotura de las células, las cuales usualmente miden ca. 1 mm. El polvillo más fino se produce durante el lijado. Si la madera en dura, las células están más apretadas, produciendo más polvos. Lo mismo ocurre si la madera está seca, en cuyo caso produce más polvos.

El lijado a mano produce menos polvo que con una máquina (Video 4). También influye la orientación del lijado, si se hace paralelo a la vena se libera menos polvo que contra o perpendicular a la vena, pues se rompen menos células.

Video 4. Lijado de madera utilizando una máquina lijadora de araña.

.

Las células de la madera contienen una amplia gama de componentes químicos como ácidos (abiético, pimárico, tújico, palústrico, vanílico, siringico, etc.), terpenos (pinenos, limonenos, canenos, canfenos, etc.), aldehídos (coniferilos, para-hidroxialdehído, etc.), flavonas, isoflavonas, y muchos otros. El secado y otros procesos de preparado como el serrar o lijar la madera pueden cambiar la composición química de los polvos de madera. Por ejemplo, compuestos como los monoterpenos, pueden ser volatilizados. La madera de pino al ser calentada por el proceso de corte libera terpenos en concentraciones de 100 a 550 mg/m 3. 

La OMS señala que los polvos de madera son contaminantes que causan una gran variedad de problemas médicos: irritación de los ojos, alergias pulmonares, dolores de cabeza, rinitis, problemas de aparato digestivo, inmunodepresión, adenocarcinoma pulmonar, linfomas, cáncer nasal, cáncer de esófago, cáncer nasofaríngeo (Video 5), entre otros.

   Video 5. Vista endoscópica de cáncer nasofaríngeo (espacio postnasal).


Si se utiliza madera contrachapada o tableros de madera, al ser mecanizados se produce polvo muy fino contaminado con formaldehédo, que puede causar cáncer en los humanos. La acción limpiadora del tejido ciliar de las vías respiratorias queda colapsada con exposiciones muy inferiores a la norma habitual, 2 mg/m3. Por lo tanto, es necesaria una exposición lo más mínima posible, mediante el diseño del trabajo adecuado, en talleres con ventilación aspirante y recintos especialmente diseñados para tal efecto.

El cuadro anterior pertenece a la química ambiental, una ciencia relativamente moderna que trata sobre las reacciones, rutas químicas, cinética y termodinámica en el medio ambiente. Los productos de madera y el resto de los componentes de un hogar moderno son parte de este conjunto.

En futuras entregas trataremos sobre los aspectos de la contaminación interior ambiental de un hogar del siglo XXI.

Referencias

World Health Organization. 1995. Wood Dust and Formaldehyde. IARC Monographs on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Human, Vol. 62, 406 pages. (Web: http://monographs.iarc.fr/ENG/Monographs/vol62/mono62.pdf)

World Health Organization. 1995. Some Industrial Chemicals. IARC Monographs on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Human, Vol. 77, 563 pages. (Web:http://monographs.iarc.fr/ENG/Monographs/vol77/mono77.pdf)