BACK TO TOP

miércoles, 21 de noviembre de 2012

EL CAVERNICOLA MODERNO Y SU PANETTONE TOXICO: LAS ENFERMEDADES DE LOS CONSTRUCTORES, LOS ESPECULADORES, LOS BANQUEROS Y LOS HABITANTES DE VIVIENDAS DEL SIGLO XXI

Por Salvatore Scimino & Henri Cagnengues
28 de octubre de 2012

En el lenguaje críptico de la civilización chupotera del Homo insapiens, la frase desarollo económico equivale a decir joder al planeta. Y ésto todos lo hacemos muy bien. Todos jodemos a la Tierra y en el proceso cavamos nuestra propia tumba. ¡Qué idiotas somos!






El sol se perfilaba en el horizonte entre los árboles frente a la cueva. Llovía torrencialmente afuera y el clan de homínidos ancestros del hombre moderno no habían podido salir de su guarida. Hacía frío esta mañana. Había cuatro mujeres, cinco niños y seis hombres, incluyendo dos adolescentes y un viejo, que estaban sentados somnolientos alrededor de un gran fogón. Una pareja se había calentado lo suficiente para emprender sus quehaceres reproductores en un rincón un poco oscuro y húmedo de la caverna.

Al poco rato, de repente se oyó un grito ronco, largo, gutural y jadeante, sonaba amenazador. Les pareció que procedía de afuera de entre la espesa vegetación del bosque. A su imaginación llegaron imágenes de un león que hacía un par de días que se había comido un miembro del clan.

Rápidamente los hombres se levantaron, saltaron y cogieron sus rústicas lanzas. Se asomaron sigilosamente a la entrada de su madriguera, llevando las puntas de sus armas amenazadoramente apuntando hacia adelante. No vieron nada.

El viejo no se había movido. Sonriente gruñó diciéndoles algo a los hombres que habían salido a defender la familia, señalaba con su dedo hacia la esquina de la cueva pero no le prestaron atención, lo ignoraron.

Uno de los cavernícolas asustados miró hacia atrás y descubrió justo a tiempo que un joven salía de la esquina oscura de la caverna. Llevaba los pelos de su saco reproductor un poco revueltos y mojados, y se le notaba un cierto temblor en las piernas.

Este trucutú acababa de cumplir con la llamada del instinto de la reprodución, habiéndose revolcado con una hembra que él había estado persiguiendo durante cinco días para pasar sus genes a las futuras generaciones. La hembra abandonó el nido después de él, saliendo más tarde porque se había quedado dormida sobre el lecho de pieles.

El grito que había sonado como el rugido de un león famélico y diarreico e hizo cagarse de miedo a los hombres era sólo el furor del fin de la faena reproductora del macho con su Dulcinea desde el rincón de la cueva. Era la primera vez que el hijo del jefe en plena adolescencia probaba el dulce de Venus.

Al igual que su semilla abandonaba su estuche huevático, el sonido de su alarido entrecortado había salido disparado hacia el exterior del refugio y había chocado contra los enormes troncos de los árboles frente a la caverna, produciendo un estruendoso eco pseudoleonino. Nueve meses más tarde después del gran susto, la banda de cavernícolas tendría un nuevo miembro en su tribu.

Los hombres se relajaron, pusieron sus armas contra la pared y se dirigieron de nuevo al fogón para calentarse su culo. Daba igual que estuvieran abrigados con pieles piojosas, ellos temblaban de frío. Las llamas del fuego danzaban y proyectaban amenazadoras sombras en la pared de la caverna. A veces el viejo las utilizaba para interpretar y sugerir buenos lugares donde conseguir comida. Y en ciertas ocasiones las leyes de la probabilidad estaban de su parte y acertaba.

De esta manera el anciano se las arreglaba para hacerse el importante e imprescindible para la banda de cazadores y evitar convertirse en carne huesuda para una cena en tiempos de carestía. Las estrategias de este viejo cavernícola florecerían miles de años más tarde en sus descendientes, los políticos modernos.

Los cavernícolas no estaban solos en la cueva. Sobre sus cabezas había una colonia de murciélagos durmiendo y de vez en cuando los miembros de la tribu comían mierda de quiroptero sin querer cuando miraban hacia arriba con la boca abierta. Habiendo ya descubierto el fuego, estos primitivos homínidos habían disparado el primer pistoletazo de la carrera de la contaminación antropogénica de la Tierra. El techo de la caverna estaba negro de ollín.

Los hidrocarburos emanados del humo [alkanos, alkenos, hidrocarburos aromáticos (bencina, tolueno, xileno, estireno), hidrocarburos aromáticos policíclicos (polycyclic aromatic hydrocarbons, PAHs: antraceno, bencinopireno, fluoranteno, fluoreno, pireno, reteno, acenafteno, bifenil acenaftileno, naftaleno, fenantreno, etc.)] y las sustancias mutagénicas y cancerígenas del asado de la carne de aves y mamíferos (aminas heterocíclicas y PAHs, ver arriba) en un ambiente cerrado como la cueva ya mellaban la salud de estos primates incendiarios en aquellos tiempos.

Nada de ésto nos cuentan los antropólogos y arqueólogos, tal vez porque no se les ha ocurrido al estar entubados en su propia prisión de especialización o, en muchos casos, si se enteran, porque no quieren ir contra los grandes poderes económicos de la industria diabólica de la carne.

Lo que el consumo de la carne asada le dio a los ancestros del hombre no fue un gran cerebro sino un débil intestino grueso susceptible a enfermedades alimentarias.

Su manía por la carne (cruda o asada) desbarató su microbiota intestinal. Después de todo este simio desnudo (Homo insapiens) es sólo un vehículo automata de las bacterias intestinales. Por cada célula de su cuerpo tiene 10 bacterias y si éstas, especialmente las intestinales, no están sanas y contentas el hombre no está sano.

No sólo somos prisioneros del espacio y del tiempo sino que también de las bacterias de nuestra tripa. Nosotros somos los títeres y las bacterias son los titiriteros.

Por lo tanto, para el bien de todos, aceptémolo: el planeta Tierra no nos pertenece a nosotros, el Homo insapiens. Decimos insapiens porque es un mono imbécil, estúpido e idiota.

Y por si acaso no estás convencido de ello ve a un vertedero de basura o simplemente mira a tu alrededor o, mejor aún, échale una mirada de despedida a tu propia cagada, a tu panettone tóxico, antes de tirar de la cadena del váter.

La Tierra pertenece a las bacterias y plantas y sus huéspedes los animales. Y los hongos dan el toque final a esta maravillosa melodía. Una maravillosa sinfonía en un planeta milagroso que nosotros estamos contaminando y destruyendo.

En fin, para acabar con nuestra historia de los micos pisones (copulatorius) e incendiarios de la cueva, podemos decir que con ellos el linaje del hombre había emprendido el camino hacia el dominio imaginario de la naturaleza.

El camino que le llevaría a arrasar la Tierra, acabar con otras especies de animales y plantas.

Caminaban hacia una sapiencia insapiente, su insapiencia, es decir hacia su propio exterminio. Y esta especie de mono parlante ya está al umbral de su propia tumba!!

La cueva tóxica del hombre del siglo XXI

Los cavernícolas de hace miles de años no tenían el problema de vivir en una cueva tóxica construida con su propia mano, salvo por el humo y el gusto de la carne asada o porque estallara un volcán en su vecindario y los gases venenosos invadieran su agujero, el habitáculo íntimo, la caverna natural del hombre era sana. Seguramente tan tontos como sus descendientes del siglo XXI no lo eran. De lo contrario no habría Homo insapiens.

En cuestiones de construcción de sus casas, el Homo insapiens va para atrás. En los países industrializados, las casas que sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos construían con arcilla y piedra natural y un poco de cal elaborada artesanalmente en los pueblos de antaño podemos decir que sí eran ecológicas y por lo tanto sanas.

Las casas modernas del los humanos actuales son cuevas artificiales donde abundan materiales tóxicos y nocivos para la salud. Vivimos en cuevas tóxicas.

Una pared de una casa no es una mole estática sino que es algo dinámico que interactúa intercambiando moléculas con el aire que le rodea. Si su composición es sana esto se reflejará en la salud de las personas que habitan la casa.

Los pisos, los nichos que los humanos llaman “hogar” hoy en día, se construyen a base de concreto (hormigón) donde se utilizan sustancias químicas manufacturadas antes o durante el mezclado del mismo. Los aditivos pueden ser agentes incorporadores de aire, reductores de agua, retardantes, acelerantes y reductores de agua de alto rango (HRWR).

Las pastas de cemento de nuevo tipo incluyen materiales como fibras cortas y polímeros solubles. Aparte de que a veces las constructoras para cortar gastos compran cementos con puzolanas contaminadas de procedencia oscura (mafiosa) pero más baratas.

Para el acabado de la construcción interior se utilizan diversos productos químicos, entre los cuales están los poliuretanos, las pinturas, los plásticos, los barnices, los selladores y las resinas artificiales.

Adicionalmente, debemos recordar que la madera de acabado ha sido tratada con biocidas en su punto de origen.

Tarde o temprano estas jaulas de cemento (casas o pisos) serán atiborradas por los inquilinos con muebles y tejidos tóxicos matagente y matamascotas, pues contienen sustancias tóxicas tales como retardantes o antiincendios halogenados (HFRs: BFRs, brominated fire retardants; CFRs, chlorinated fire restardants; PBDEs, polybrominated diphenyl ethers) causantes de diversas enfermedades en humanos y animales (Tabla 1). Se calcula que una casa moderna contiene unos 1.500-17.000 químicos antropogénicos peligrosos para la salud.

Tabla 1. Enfermedades asociadas a HFRs. Datos extraídos de Schedler (2008).
Sujeto afectado
Enfermedad
Humano Defectos de nacimiento
Desequilibrio hormonal
Disfunción neurológica y reproductiva
Dificultades de aprendizaje
Retardación mental
Hiperactividad
Hipertiroidismo
Animal (gatos) Hipertiroidismo


A lo anterior debemos agregar los problemas de salud de los perros y roedores de mascota también asociadas a los HFRs en las viviendas modernas. Estos animales padecen de leucemia, cáncer de riñón, cáncer turbinal (nasal), adenomas colorectales, cáncer de mama y cáncer de testículo (observación personal).

Como consecuencia, la dinámica ambiental dentro de una habitación moderna (la llamada Indoor Pollution o Contaminación Interior del hogar) es tal que se generan numerosos gases, polvillo y otras sustancias químicas nocivas que son parte del cuadro médico y patológico de los urbanitas.

Hoy día el número de niños asmáticos va en aumento y mucha gente desde la niñez hasta adultos tienen bolsas, a veces de color oscuro, debajo de los ojos. Los riñones, el hígado y otros órganos funcionan estresados.

El costo humano y social por estas sofisticadas construcciones modernas llamados pisos es muy alto. Las personas que los adquieren acaban enfermos por la preocupación y el estrés por las mensualidades exorbitantes, y la deuda la pasan a sus hijos.

Los que viven cerca de las construcciones están expuestos a una infinidad de microcontaminantes que les afectan las vías respiratorias, los riñones, el aparato digestivo, los sistemas inmunológico y hormonal.

Según la ICM (Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera), los niveles de cáncer son elevados en trabajadores de la construcción y la madera (Tabla 2).

Tabla 2. Las enfermedades de los trabajadores de la construcción y la madera.
Tipo de empleo
Enfermedad
Albañiles Leucemia, linfoma, mioloma, cáncer de estómago, cáncer de pulmón
Carpinteros Cáncer sino-nasal, cáncer del pulmón, cáncer del estómago, cáncer de la vejiga, cáncer de riñón, cáncer de hígado, leucemia, cáncer del esófago, cáncer del aparato respiratorio
Conductores de camión en trabajos de techado Cáncer de pulmón, cáncer de la garganta, cáncer de vejiga, cáncer de la cabeza
Chapistas Cáncer del pulmón
Ebanistas Cáncer sino-nasal, cáncer del pulmón
Electricistas Cáncer de testículo, cáncer del escroto, anemia
Escayoleros Cáncer de estómago, cáncer de pulmón
Fontaneros Cáncer nasal, cáncer del pulmón
Hormigoneros Cáncer de riñón, leucemia
Mamposteros Cáncer del pulmón, fibrosis, silicosis
Operadores de calderas Cáncer de pulmón, cáncer de la garganta, cáncer de vejiga, cáncer de la cabeza
Peones de construcción Cáncer sino-nasal, cáncer del pulmón, cáncer del estómago, cáncer de la vejiga, cáncer de riñón, cáncer de hígado, leucemia, cáncer de la garganta, cáncer del esófago, cáncer del aparato respiratorio, cáncer de la cabeza
Pintores Cáncer del pulmón
Techadores Cáncer de estómago, cáncer del pulmón, cáncer de la garganta, cáncer de vejiga, cáncer de la cabeza
Trabajadores del asfalto Cáncer de pulmón, cáncer de la garganta, cáncer de vejiga, cáncer de la cabeza
Trabajadores de impermeabilización Cáncer de pulmón, cáncer de la garganta, cáncer de vejiga, cáncer de la cabeza



Los especuladores y banqueros salen excesivamente beneficiados, se hinchan sus bolsillos y sus mujeres acaban deprimidas y con Síndrome de Excesivo Shopping, si ellas se han conseguido uno que sea un poco generoso.

Sus maridos, ya sean banqueros o especuladores, se enviagran y sufren de cáncer de próstata de tanto copular con sus amantes o el colon se les pudre debido a tanta cena de reuniones carnívoras, entre otras enfermedades (Tabla 3).

Tabla 3. Las enfermedades de los los banqueros y especuladores de construcción.
Tipo de empleo
Enfermedad
Banquero inmobiliario Cáncer de próstata, cáncer de hígado, cáncer de páncreas, cáncer colorectal, cáncer de garganta, cáncer de estómago, úlceras estomacales, almorranas, venas varicosas en las piernas, enfermedad de Mondor del pene (venas varicosas en el pene), infarto cardíaco y otros problemas cardiovasculares, derrame cerebal, cáncer de pulmón, estrés nervioso, SIDA, enfermedades de transmisión sexual, etc., etc.
Especulador inmobiliario Cáncer de próstata, cáncer de hígado, cáncer de páncreas, cáncer colorectal, cáncer de garganta, cáncer de estómago, úlceras estomacales, almorranas, venas varicosas en las piernas, enfermedad de Mondor del pene (venas varicosas en el pene), infarto cardíaco y otros problemas cardiovasculares, derram cerebral, cáncer de pulmón, estrés nervioso, etc., etc.


También estos individuos codiciosos sufren de estrés por el trabajo o la preocupación de que los fiscales de Hacienda les descubra sus triquiñuelas relacionadas con los paraísos fiscales o porque las autoridades antimafia o la DEA de EEUU les vigilan y pisan sus talones por el lavado de dinero.

Y el Estado, conformado por todos los contribuyentes, paga el pato (coste social) por el alto número de personas enfermas con el culo roto o podrido por las enfermedades asociadas al sector de la construcción y la madera.

Por otro lado, este sector beneficia a las empresas y laboratorios farmacéuticos a largo plazo, debido a la alta demanda de sus productos químicos por las clínicas y los hospitales para tratar los problemas de salud de los trabajadores implicados en todo lo relacionado con el boom inmobiliario.

En países como España, la fiebre del cemento Portland, es decir el boom inmobiliario, ha contribuido al desarrollo económico (= joder el medio ambiente) de la sociedad moderna pero su fabricación sustentada en el uso de recursos no renovables ha generado la producción de grandes cantidades de gases de efecto invernadero.

Además de estar implicada indirectamente en la contaminación del suelo por las excavaciones mineras para el hierro, el cobre y otros minerales utilizados en la construcción y la destrucción de grandes extensiones de bosques tropicales que se han necesitado para las formaletas en la construcción y luego el amueblamiento de los nuevos pisos.

En cualquier parte del globo donde aparezca un boom inmobiliario, aparte de ser una industria especulativa donde se juntan los inversores, los banqueros, los ayuntamientos y la mafia, el resultado siempre es y será totalmente destructor para el medio ambiente.

En realidad, un indio en la selva amazónica tiene mejor calidad de vida en una choza construida con materiales 100% naturales de la selva, además de que cuenta con una alimentación sin aditivos ni conservantes artificiales, que un urbanita que habita en la jungla de cemento.

En lo referente a la salud, las viviendas que los humanos habitan en las ciudades son perjudiciales. El hombre en lugar de ir hacia adelante ha ido hacia atrás.

¿Se le puede llamar progreso a vivir en una casa construida con materiales artificales tóxicos? La respuesta es obviamente no.

El Homo sapiens se cree tan sapiens que en definitiva acaba siendo totalmente insapiens en su manera de vivir “civilizada” a base de biocidas, petróleo y máquinas.

Ciertamente, el hombre es un mono idiota! Absolutamente imbécil! Es un mono parlante enculado consigo mismo. El Homo insapiens es un fabricante de panettones tóxicos!


Referencias

Costandi M. (2012). Microbes on Your Mind. The Bacteria in your gut may beinfluencing your thoughts and moods. Scientific American Mind, 23(3), July/August 2012: 33-37.

EFRA (2009). Flame retardants for Changing Society. Cefic, Brussels, Belgium. 42 p.

Fuller R. & Perdigón G. (Eds.) (2003). Gut Flora, Nutrition, Immunity and Health. Blackwell Publishing Ltd., Oxford, UK. 276 p.

Gilbert S.G. (2005). A Small Dose of Toxicology. The Health Effects of Common Chemicals. CRC Press, Taylor & Francis Group, Boca Raton, FL, USA. 266 p.

Gutiérrez L.F., Marrero G.M & Puch L.A. (2010) Los Efectos Medioambientales  del Boom y el Parón Inmobiliario en España. Ei, 379: 145-158.

Lee Y.K. (2008). Who Are We?: Microbes, the Puppet Masters! World Scientific Publishing Co. Pte. Ltd., Singapore. 86 p.

Schedler S. (2008). Killer Couches: Protecting Infants & Children from Toxic Exposure. Friends of the Earth, 16 p.

Sinha R., Chow W.H., Kulldorff M., Denobile J., Butler J., Garcia-Closas M., Weil R., Hoover R.N. & Rothman N. (1999). Well-done, Grilled Red Meat Increases the Risk of Colorectal Adenomas. Cancer Research,59: 4320-4324.

Wilkie C. A. & Morgan A.B. (Eds.) (2010). Fire Retardancy of Polymeric Materials. 2nd Edition. CRC Press, Taylor & Francis Group, Boca Raton, FL. 823 p.

World Health Organization (2006). Household Use of Solid Fuel and High-temperature Frying. IARC Monographs on the Evaluation ofCarcinogenic Risks to Humans, Vol. 95: 1-430.

No hay comentarios:

Publicar un comentario